Amacaba por la Educación

 

Material elaborado para tratar de forma sencilla y resumida temas de tipo psicoeducativo tales como: premios y castigos, hábitos de estudio, habilidades sociales, autoestima, celos entre hermanos, la adaptación escolar, etc., temas que consideramos de interés para la mayoría de los padres y madres con hijos e hijas en edad escolar.

Esta colección ha sido realizada por socias activas de AMACABA que trabajan en la enseñanza y en la orientación psicopedagógica y sus contenidos se han elaborado a partir de documentos de los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica de la Junta de Extremadura, manuales de psicopedagogía, artículos de revistas especializadas, etc.

No obstante, desde AMACABA entendemos que no hay una única manera de educar, sino infinitas, tantas como padres y madres existen. Como todos/as sabemos, cada niño/a es un mundo y lo que casi siempre nos ayuda a resolver las situaciones es nuestro propio sentido común y el amor por nuestros hijos.

El objetivo de este Proyecto es hacernos reflexionar sobre nuestro estilo educativo, refrescar materias que ya conocemos y aportar una serie de orientaciones e ideas que sirvan de guía para aquellos momentos en que dudamos de nuestro quehacer diario.

La corriente psicoeducativa que nos ha conducido es la que actualmente se lleva a cabo desde los Equipos de Orientación anteriormente mencionados, que desarrollan su labor de asesoramiento y orientación tanto al profesorado como a las familias de alumnos y alumnas de Educación Primaria de nuestra comunidad autónoma.

 

01. La conducta se aprende

03. Juguetes y consumo

04. Habilidades sociales

05. La escucha emocional

06. El desarrollo de la autoestima

07. Hábitos de estudio

08. Celos entre hermanos

09. Tu hijo es una buena persona (I)

10. Tu hijo es una buena persona (II)

11. Quien bien te quiere te hará reír

12. Educación sexual (I)

13. Educación sexual (II)

14. Las rabietas

15. 25 maneras de hablar

16. Cómo contar un cuento

17. La adaptación escolar

18. Los estilos educativos

19. Cómo fomentar la lectura

 

1. LA CONDUCTA DE LOS NIÑOS/AS SE APRENDE

 

El niño/a desde que nace comienza a aprender todas las habilidades que le son necesarias para vivir. Los padres, los hermanos, los abuelos, los amigos, los maestros, la calle, los medios de comunicación, etc. influyen en ese aprendizaje.

También se producen aprendizajes inadecuados como las rabietas, las peleas, los miedos, la falta de atención, la timidez, etc. Sin embargo, la mayoría de lo que un niño/a hace, siente y piensa, son CONDUCTAS APRENDIDAS.

¿CÓMO SE APRENDE UNA CONDUCTA?

A través de un proceso de asociación en el que intervienen: Lo que ocurre antes de la conducta y lo que ocurre después de la conducta.

Tendemos a realizar aquello que resulta agradable y gratificante y tendemos a apartarnos de aquello que nos produce malestar.

Si un niño pega a otro y recibe la felicitación de un compañero experimentará una emoción agradable y es probable que aprenda a pegar para recibir la aprobación de los demás.

El proceso de aprendizaje del comportamiento es mucho más complejo, pero con este ejemplo se resalta cómo la conducta está en función de la respuesta que obtiene el niño/a.

La conducta infantil se aprende y puede cambiarse aplicando reforzadores sociales (sonrisas, elogios, motivación, etc.) y convirtiéndonos en modelos a imitar. Para ello, conviene conocer las LEYES DE LA CONDUCTA:

1ª LEY: Toda conducta que va seguida de una recompensa (cualquier cosa que agrade o interese a la persona que realiza dicha conducta) tiende a repetirse en el futuro.

2ª LEY: Cuando una conducta no obtiene recompensa alguna, desaparece o se extingue.

3ª LEY: Muchas conductas las aprendemos por observación, imitando lo que vemos hacer a otras personas.

4ª LEY: En determinadas condiciones, las conductas que van seguidas de consecuencias desagradables tienden a desaparecer.

EXPLICACIONES INADECUADAS DE LAS CONDUCTAS DE LOS NIÑOS Y NIÑAS

El recurso al destino y a la herencia: “le sale de dentro”, “ha salido a su padre”, “de tal palo tal astilla”…

Las “etiquetas”: es “apático” “es un bicho” “es hiperactiva” “egoísta” son expresiones vagas e imprecisas que no favorecen el cambio. Las conductas de los niños y niñas no son una cuestión únicamente de ellos/as, de su forma de ser, sino que implica a los padres en las relaciones que se establecen con ellos.

ORIENTACIONES PARA AUMENTAR LAS CONDUCTAS ADECUADAS Y DISMINUIR LAS INADECUADAS

Lo que siempre debemos hacer

  • Observar y describir conductas de forma clara y precisa como método para comprender el comportamiento de nuestros hijos e hijas
  • Explicar al niño lo que deseamos que haga
  • Valorar positivamente (con elogios) todo intento de realizar ese objetivo por parte del niño/a
  • Debemos ignorar, cuando sea posible, las conductas inadecuadas
  • Hacer hincapié en el hecho de que él o ella es bueno/a
  • Cumplir las promesas que hacemos y hacer lo que decimos
  • Ayudarles a pensar en sus problemas buscando con ellos posibles soluciones
  • Exponer positivamente nuestros deseos “Cuando termines de comer te daré el pastel” en lugar de “si no comes no te daré el pastel”

Lo que nunca debemos hacer

  • Intentar persuadir con sermones
  • Recurrir a gritos, amenazas o arranques de cólera, cuando se comporten adecuadamente. Recordemos que estamos sirviendo de modelos
  • Intentar hacerles sentir culpables mediante reproches o acusaciones
  • Compararles con otros/as
  • Prometerles cosas que nunca cumpliremos
  • Traficar con nuestro cariño: “te quiero si…” no te quiero si…”. Han de saber que les queremos siempre independientemente de su conducta
  • Hacer cosas que contradicen lo que decimos, por ejemplo decirle “no grites” y nosotros dirigirnos a él/ella gritando
  • Infravalorarle solo o delante de otros/as

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3. JUGUETES Y CONSUMO

 

Las Fiestas Navideñas se han convertido en la época de consumo de juguetes y regalos por excelencia.

Por lo menos en nuestro entorno han quedado muy atrás aquellos días de cantar villancicos, visitar Belenes y celebrar la Nochebuena con una comida especial, después venían los Reyes Magos y traían juguetes a los niños.

Ahora en muchos hogares, se celebran dos días de juguetes, el día de Papa Noel el veinticuatro de Diciembre y el día de Reyes el seis de Enero; no se han sustituido fiestas, se han sumado. Además todo el mundo (padres, abuelos, tíos, empresas etc.) celebra las dos y la avalancha de juguetes y objetos, no sólo para los niños, nos inunda.

La cuestión es que se ha producido la unión entre los conceptos FIESTA y CONSUMO

¿Cómo podemos modificar esta situación? Proponemos lo siguiente:

  • Planificar las Navidades con actividades lúdicas y creativas en las que los padres y los hijos/as compartan el tiempo y el proyecto.
  • Devolver al regalo el valor simbólico de tal, no por su valor económico o por la moda sino por la capacidad de ensoñación que el juguete produce en el que juega con él, que la felicidad consista en explorar y crear antes que en poseer.
  • Reducir los momentos en que se hacen regalos y rescatar el valor de la sorpresa.
  • Disminuir las cantidades de objetos y criticar la fuerza de la publicidad. Ponerse un presupuesto módico para ello y no pasarse de él.
  • Para ello, los niños y niñas precisan de los modelos de los padres y de su compañía. Hay que enseñarles y darles ejemplo de diversión sin consumir.
  • Y por último, para que el regalo de Navidad tenga valor deberán también reducirse los regalos que se hacen a lo largo del año.

¿QUÉ PODEMOS HACER EN LA FAMILIA PARA EDUCAR EN EL CONSUMO RESPONSABLE?

Educación en VALORES: el SER está por encima del TENER

Hacer que valoren el ESFUERZO que requiere conseguir las cosas: Evitar dar las cosas de forma indiscriminada, decir NO

Iniciar desde pequeños la lucha contra las MARCAS COMERCIALES : VALORAR el contenido más que la apariencia, la moda…

Enseñarles a ADMINISTRAR el dinero: APRENDER a valorarlo.

Actuar como MODELOS ADECUADOS: Evitar CAER en las “OFERTAS”, comprar sin PLANIFICACIÓN….

ORIENTACIONES GENERALES PARA COMPRAR JUGUETES

  • Que coincida con los GUSTOS e INTERESES del niño/a
  • Pero al mismo tiempo, que sea coherente con los VALORES que queremos transmitir
  • Que sea ADECUADO a la EDAD del niño o de la niña
  • Que sirva para ESTIMULAR el JUEGO
  • Que tengan buena relación CALIDAD/PRECIO
  • Que fomenten su CREATIVIDAD, evitar los juguetes muy sofisticados
  • Que cumplan con los REQUISITOS de SEGURIDAD, ETIQUETADO, INFORMACIÓN, CALIDAD DE LOS MATERIALES y ACABADO
  • Incluye siempre LIBROS
  • Los juguetes han de ser LOS JUSTOS. Muchos juguetes de golpe ahogan al niño/a, siempre es mejor ir regalándoles a lo largo del año que concentrar los regalos en una época concreta. Tener muchos juguetes o juegos inutilizados puede dificultar el proceso de aprender a valorar las cosas.
  • Los juguetes han de ser VARIADOS. Piensa en que tipo de juguetes tiene ya el niño/a. A más variados y versátiles sean estos, más variados serán los aprendizajes que pueda realizar.
  • Los juguetes NO HAN DE REPRODUCIR ESTEREOTIPOS POR CUESTIONES DE GÉNERO. No podemos limitar a los niños/as a las supuestas funciones de hombre o mujer que marcan nuestra sociedad.
  • Los juguetes NO HAN DE SER BÉLICOS ni portadores de valores negativos. El niño/a interioriza los comportamientos y valores sociales. ¿Educas para la paz y el respeto y Juegas a la guerra ?
  • Los juguetes han de ser RESPETUOSOS CON EL MEDIO AMBIENTE. Vigila de qué materiales están hechos los juguetes y por supuesto recicla sus envoltorios.

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4. LAS HABILIDADES SOCIALES

 

¿QUÉ SON LAS HABILIDADES SOCIALES?

Son todas aquellas conductas verbales y no verbales que nos permiten en una situación dada conseguir nuestros objetivos con un coste emocional bajo; es decir sintiéndonos bien con nosotros mismos y manteniendo una buena relación con los/as demás.

¿CÓMO SE APRENDEN?

Como la mayoría de las conductas humanas, el comportamiento social se aprende. Aprendemos desde niños/as imitando y observando a nuestros padres y madres y a aquellas personas cercanas a la escuela. A medida que vamos creciendo y conociendo nuevos contextos y situaciones, vamos observando y experimentando nuevas conductas y modificando las anteriores, así en la adolescencia al núcleo familiar se le agrega el grupo de iguales cobrando gran importancia como transmisor de normas, valores, y marcando estilos de comportamientos. No debemos olvidar la importancia que tienen las normas sociales, la cultura de la sociedad y de cada grupo social, así como los valores que transmiten los medios de comunicación.

¿POR QUÉ SON NECESARIAS?

  1. Mejoran la socialización y las relaciones entre iguales.
  2. Contribuyen a prevenir conflictos, a evitarlos y a solucionarlos.
  3. Desarrollan el aprendizaje y el rendimiento.

Un fallo en el manejo de las situaciones sociales puede conducir a un rechazo por parte de los demás, aislamiento e insatisfacción de la persona con su propia forma de actuar

PRINCIPALES HABILIDADES SOCIALES A CONSEGUIR EN LOS NIÑ@S

Escuchar. Iniciar y mantener una conversación. Formular preguntas. Dar las gracias. Presentarse. Presentar a otras personas. Hacer un cumplido. Dar instrucciones. Disculparse. Convencer a los demás. Pedir favores o cambios de conductas a otras personas. Aceptar o rechazar críticas de los demás. Ponerse en el lugar de los demás. Expresar quejas. Trabajar en equipo.

La adquisición de estas habilidades sociales (HHSS) no ocurre de un día para otro, sino a través de los años, de práctica y retroalimentación constructiva.

Por otro lado, en el desarrollo del niño/a tienen una importancia especial los aspectos afectivos y emocionales, de ahí la necesidad de crear un clima de afecto, confianza y seguridad para los niños/as. La conducta social que estos manifiestan está estrechamente influida por las normas de conducta que se practiquen en el hogar.

¿QUÉ PODEMOS HACER LOS PADRES Y MADRES PARA AYUDAR A LOS NIÑOS/AS?

Ofrecer un modelo adecuado. Cuando los padres tienen hábitos de convivencia social, ofrecen manifestaciones de cortesía, respeto, cooperación y solidaridad para las personas con quienes conviven, constituyen verdaderos ejemplos, siendo muy provechoso, pues el niño se comporta tal como ve actuar a los demás.

Valorar los aspectos positivos. Frecuentemente utilizamos la recriminación para corregir los excesos o déficits en HHSS. Para conseguir una conducta social adecuada es más eficaz mantener una actitud positiva ante cualquier logro, por mínimo que parezca. Permitirle que realice algunas conductas, aunque inicialmente no lo haga del todo bien

Proporcionales ocasiones para poner en práctica las HHSS. Experiencias variadas que les posibiliten relacionarse en distintas situaciones sociales: lugares públicos, cafeterías, cines, museos, celebraciones, cuidar la naturaleza, mantener limpias las calles, etc.

LOS HIJOS/AS APRENDEN LO QUE VIVEN

Si un niño vive criticado aprende a criticar.

Si un niño vive con hostilidad aprende a pelear.

Si un niño vive avergonzado aprende a sentirse culpable.

Si un niño vive con tolerancia aprende a ser tolerante.

Si un niño vive con estímulos aprende a confiar.

Si un niño vive con equidad aprende a ser justo.

Si un niño vive con seguridad aprende a tener fe.

Si un niño vive con aprobación aprende a quererse.

Si un niño vive con aceptación y amistad aprende a encontrar amor en el mundo.

Sociedad Filium

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5. LA ESCUCHA EMOCIONAL

 

¿QUÉ ES?

Es una manera de escuchar desde la aceptación.

A través de la Escucha Emocional “damos información” a nuestro interlocutor de que estamos recibiendo lo que nos dice o intenta comunicarnos bien sea verbal o gestualmente. Muchas personas aunque parece que escuchan pueden estar distraídas, o preocupadas con lo que van a contestar, y se les pasan desapercibidos muchos mensajes importantes, por eso es una habilidad social elemental que implica “estar atentos” a los mensajes.

¿POR QUÉ ESCUCHAR A UN NIÑO/A?

  • Porque te conviertes en alguien significativo y digno de confianza para él. Esto te puede permitir llegar al fondo de sus problemas.
  • Porque se sentirá aceptado como persona.
  • Porque ayuda a que los niños/as tengan menos miedo de sus sentimientos negativos.
  • Porque promueve una relación cálida entre padres e hijos.
  • Porque facilita que el niño/a resuelva sus problemas.
  • Porque le ayudas a comprenderse mejor a sí mismo.
  • Porque escuchando bien se dejan de un lado los prejuicios y sentimientos hostiles.
  • Porque ser escuchado provoca en el niño un sentimiento de vinculación y respeto respecto al adulto, y tu posibilidad de influir sobre él aumenta.
  • Porque si le escuchas, enseñas a escuchar, sirves de modelo y aumentan tus posibilidades de que también te escuchen.
  • Escuchar disminuye la posibilidad de reacciones de irritación u hostilidad

¿CÓMO?

Observándole…

  • manteniendo contacto visual
  • con la postura relajada y dirigida a quien habla

Con gestos y palabras…

  • asintiendo
  • adoptando palabras como: “si…”, “ya veo…”. etc
  • utilizando expresiones como: “quieres decir que…”, “creo que te refieres a…”
  • con silencios
  • actuando de espejos

Evitando cosas como…

  • interrumpir
  • rechazar lo que la otra persona piensa o siente: “eso no es cierto…”, “es una tontería…”, “no puedes sentirte así…”, etc

¿CUÁNDO?

  • Cuando queremos motivar a que nos cuenten algo
  • Cuando nos comunican algo que para el otro es importante
  • Cuando queramos disminuir la agresividad de la otra persona

Con nuestro hijo de 3 años, la escucha implica estar con él, jugar con él, acompañarlo, hacer que nos sienta cerca, etc.

Conforme van creciendo debemos escuchar con todo el cuerpo, estando presentes, apagando la tele, encontrar los espacios adecuados si en ese momento no podemos.

En la adolescencia la escucha implica entender cómo se siente, dejar que exprese toda la carga emocional sin juzgarle, devolviéndole la información y emoción que nos está transmitiendo.

LAS ACTITUDES BÁSICAS EN LA ESCUCHA EMOCIONAL

  • Aceptar los sentimientos de nuestros hijos e hijas
  • Pensar que lo más importante en este momento es lo que nuestro hijo/a nos tiene que contar
  • Ser conscientes de que los sentimientos son transitorios
  • Tener confianza en la capacidad de nuestro hijo para manejar sus sentimientos y resolver sus problemas
  • Observarle cuidadosamente, ¿cómo se siente? ¿cuándo quiere que hablemos?
  • Demostrarle que le estamos escuchando, emplear frases de facilitación y resúmenes
  • Utilizar gestos y posturas que le hagan ver que le escuchamos: contacto visual…y no hacer otra cosa mientras nos cuenta “su historia”
  • No precipitarse dando consejos ni ayudas si no lo piden.
  • Dejarle que hable: no interrumpir ni juzgar
  • Considerar a nuestro hijo/a como una persona autónoma, con sus propias ideas y sus propios sentimientos

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6. EL DESARROLLO DE LA AUTOESTIMA

 

¿QUÉ ES LA AUTOESTIMA?

La autoestima es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales y mentales que configuran nuestra personalidad. Es el aprecio que se tiene a uno/a mismo/a, el concepto que tenemos de nuestra propia valía. Constituye el núcleo básico de la personalidad. Se trata de un proceso dinámico en el que influyen muchos factores a lo largo de la vida.

La autoestima es responsable de muchos fracasos y éxitos vitales, ya que una autoestima adecuada, vinculada a un concepto positivo de uno mismo, potenciará la capacidad de las personas para desarrollar sus habilidades y aumentará el nivel de seguridad personal, mientras que una autoestima baja enfocará a la persona hacia la derrota y el fracaso.

De ella depende en buena parte nuestro equilibrio emocional, nuestra forma de enfrentarnos a los quehaceres cotidianos y, en definitiva, nuestra manera de relacionarnos con el mundo que nos rodea. De ahí que sea tan importante educar favoreciendo el desarrollo de una autoestima positiva.

EL DESARROLLO DE LA AUTOESTIMA

La autoestima se construye a partir de las propias comparaciones con los demás y de acuerdo con las reacciones de los demás hacia uno/a.

Las reacciones de las personas que son más importantes para los niños desde el punto de vista afectivo (padres, madres, maestros, amigos) son las que producen más impacto en su autoestima. Estas personas actúan como espejos en los cuales el niño/a ve reflejada la imagen de sí mismo/a y, a través de ellas, se va conociendo y va percibiendo el grado de aceptación y aprecio que producen sus actuaciones y su propia persona. Es como si la imagen que se ve reflejada apareciera distorsionada por los sentimientos y expectativas de la persona-espejo. Si los sentimientos son positivos, el niño/a recibirá un reflejo que le gustará, con el que se sentirá bien y que ayudará a aumentar su autoestima. Si los sentimientos son negativos, el reflejo que verá será feo, sin valor y no merecedor de cariño. Ese reflejo le causará dolor, rabia y provocará el rechazo a su propia persona y el descenso de su autoestima.

De los 0-5 años: la autoestima está estrechamente ligada al papel de los padres y a las consecuencias que tiene los actos del niño o niña. De los 5-12 años: en esta etapa los logros académicos, la popularidad entre sus compañeros/as y las reacciones de sus profesores ante los gestos o actitudes del niño, influirán en la identidad y aceptación de sí mismo, consolidando de este modo su autoestima. De los 12-15 años: etapa crítica, de cambios físicos y de búsqueda de identidad, es necesario colaborar con el adolescente ayudándole a organizar su tiempo, no criticando su apariencia, otorgándoles un espacio para hablar, y respetándolo como un ser en proceso de maduración.

¿CÓMO FAVORECEMOS LA AUTOESTIMA DE NUESTRO HIJO/A?

En general, los niños/as que desarrollan una alta autoestima son aquellos que saben que sus éxitos son valorados y que sus errores son aceptados. En todo caso, se trata de criticar (o reñir) sus conductas, pero no su persona. Por ejemplo, podemos sustituir la tan repetida frase “eres malo”, “es mala” por otra menos determinista: “te has portado mal”.

Y además:

  • Demostrarle cariño a través del contacto físico
  • Mostrarle un rostro amable. Una sonrisa, un guiño puede reconfortar a la niña, cosa que muchas veces no consigue un montón de palabras.
  • Hacerle notar al niño/a, con palabras, lo bien que se siente con él:“Te quiero”, “creo que eres estupendo”, “estoy muy a gusto contigo”, hará que el niño también las utilice con las demás personas y esto aumentará su grado de relación.
  • Elogiándole de forma concreta. (siguiente epígrafe)
  • Que la niña sepa que su comportamiento positivo tiene efecto sobre los demás: “me ha gusta que no te pelearas con tu hermana”, “me gusta que me cuentes lo que te pasa en el colegio”.
  • Comparte tus sentimientos con tus hijos/as. Si te hacen enfadar y les explicas por qué, le estás proporcionando una información que le puede permitir cambiar. Compartir los sentimientos contribuye a que los niños se sientan seguros.
  • Comparte tus intereses, aficiones, actividades y experiencias. Esto contribuye a reforzar los vínculos padre/madre-hijos.
  • Escucha a tus hijos o hijas sin juzgarlos continuamente Y para practicarlo hay que estar callado y dejar que hablen ellos/as. No pienses que debes comentar, aconsejar o indicar cada vez que el niño dice algo
  • Evita interrogar a los niños que sean muy tímidos. Y si hay que hacer preguntas, conformarse con un sí o un no; según vaya perdiendo la timidez, el niño/a irá elaborando su participación más espontáneamente.

En definitiva, es bueno el grado de autoestima que tienen cuando les ayuda a confiar en sus posibilidades y aceptar responsabilidades; a tolerar la frustración y a fracasar o equivocarse sin que les ocasione un dolor excesivo; a no depender demasiado de la aprobación externa; a demostrar sus sentimientos e ideas sin miedo al que dirán y a seguir los pasos que les conduzcan a lograr sus objetivos. Es negativo el grado de autoestima que tienen si mantienen una exigencia demasiado alta en relación a sus posibilidades; si existe una falta de aceptación de sus limitaciones y si hay una actitud negadora o miedosa ante las equivocaciones.

El arte de elogiar a los niños y niñas

  • Elogia sus conductas (“has recogido muy bien tus juguetes”), más que al niño/a en sí (“eres bueno”), para que sepa que tú le quieres como es (no porque haga algo bien) y para orientarle sobre lo que esperas de él.
  • No escatimes tus elogios, procura reafirmarle siempre que puedas y prestarle atención cuando se porte bien, no sólo cuando se porte mal. En vuestra relación debe haber más alabanzas que críticas.
  • Intenta premiar el esfuerzo que ha hecho, no el resultado. Si se muestra orgulloso de su dibujo, valóralo en vez de señalarle sus defectos.
  • Procura concretar lo que te gusta (“qué bien has dibujado el caballo! Y me encantan estos colores…”, en vez de decirle “¡qué dibujo más bonito!”). El elogio generalizado y abstracto no es de tanta utilidad.
  • Que tu elogio no sea ambivalente, mezclándose con la crítica: ” ¡Por una vez terminas a tiempo!”. En estos casos el elogio pierde su valor.
  • Cuando tu hijo/a se queje de sus limitaciones, tu elogio debe servir para contrarrestar, acentuado lo positivo sin negar lo que es real. Por ejemplo: “Sí, es verdad que Luis dibuja mejor, pero tú aprenderás si lo intentas. Y él tiene que aprender a jugar a la pelota tan bien como tú”. No debes mentirle, sino mostrarle un punto de vista más positivo.
  • Sin duda debes corregirle cuando actúe mal, pero puedes acabar tu crítica con un elogio: “Estoy segura de que la próxima vez lo harás mejor”.

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7. LOS HÁBITOS DE ESTUDIO

 

AYUDAR A NUESTROS HIJOS E HIJAS EN LOS ESTUDIOS

Se trata de conseguir en los niños y niñas unos hábitos de trabajo y unas técnicas de estudio que les capaciten para “aprender a aprender“.

No se trata sólo de retener muchos conocimientos y tener una gran información, sino de enseñar al niño/a a buscar la información directa o indirectamente, retenerla, saberla manejar, utilizarla convenientemente y compartirla. Es perfeccionar el auto-aprendizaje para poderlo aplicar a cada nueva situación.

El estudio no puede dejarse a la libre elección del niño; éste necesita de un aprendizaje de métodos y técnicas que por sí sólo le es difícil de alcanzar.

CONDICIONES AMBIENTALES DEL ESTUDIO

¿DÓNDE ESTUDIAR?

En su habitación o en un lugar tranquilo. Este lugar debe ser:

  • Ventilado
  • Mesa y silla con respaldo recto. No estudiar en la cama ni en sillones ni sofá.
  • Silencioso (sin ruidos, sin televisión, sin radio…….).
  • Temperatura suave (entre 18º C y 22º C).
  • Con luz natural siempre que pueda. Si es artificial, mejor dos focos: luz del techo más flexo (Luz azul)
  • A ser posible que siempre estudie en la misma habitación.

¿CUANDO ESTUDIAR?

  • Tiempo: entre una hora y media y dos horas diarias. (Será diferente según la edad y nivel escolar en el que se encuentre el niño).
  • Procurará estudiar siempre a la misma hora

¿CÓMO ESTUDIAR?

Organizar el material (Libros, cuadernos, apuntes). Tener todo preparado antes de sentarse a estudiar. Tener cada cosa en su sitio es importante y da la sensación de seguridad y orden.

Planificar el tiempo de estudio a través del horario personal.

Utilizar libros y otros materiales.

Utilizar las técnicas de estudio que se irán aprendiendo paulatinamente hasta conseguir su total aplicación en el tercer ciclo:

  • Lectura: Del conjunto del tema para tener un visión general.
  • Segunda lectura: Reposada, procurando detenerse en los párrafos más importantes.
  • Subrayado: De los párrafos más importantes, procurando no abusar de él.
  • Esquema: Hay que hacerlo ayudándose del subrayado.
  • Resumen: El texto con palabras y frases propias asegurándose siempre de que reproduce fielmente el significado.
  • Memorización: Es el proceso de fijar el texto a estudiar.

EL AMBIENTE PERSONAL

Hay una serie de FACTORES que tienen una gran influencia sobre el niño/a a la hora de conseguir un rendimiento en el estudio.

Entre ellos se encuentran:

  1. El sueño: Según la edad, es recomendable un número de horas que oscila entre ocho y once horas, dormir menos disminuye la capacidad para el estudio.
  2. La comida: La alimentación debe ser equilibrada.
  3. El ejercicio físico: El deporte, siempre que no sea en exceso facilita el equilibrio necesario y la capacidad de rendimiento indispensable para el estudio.
  4. La postura corporal durante el estudio: Es necesario adquirir unos hábitos posturales correctos, una postura incómoda lleva rápidamente a un alto índice de fatiga

PAUTAS FAMILIARES FAVORECEDORAS DEL ESTUDIO

Para todos los niños y niñas de todas las edades:

  • Crear un ambiente familiar y social estable, con unas buenas relaciones afectivas y que se interese por el mundo de la escuela y tareas a realizar en el hogar.
  • Valorar la importancia del trabajo y del estudio como medio para mejorar y aprender.
  • Procurar un lugar tranquilo, ventilado, silencioso, con mesa y silla adecuada, temperatura suave y luz natural.
  • Ayudarles a organizar sus materiales de trabajo y a planificar el tiempo de estudio.
  • Participar activamente en la comunidad educativa a través de la Asociación de Madres y Padres
  • Colaborar con la Escuela en el inicio y consolidación del hábito de la lectura.
  • A partir de la Educación Primaria, colaborar con la escuela en la utilización de técnicas de lectura, subrayado, esquemas, resúmenes y memorización.

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8. CELOS ENTRE HERMANOS

 

Son frecuentes las situaciones o conductas que nos indican la existencia de celos en la familia. Los celos entre los hermanos, las rivalidades, las riñas constantes, alteran y distorsionan el clima de convivencia. Estas circunstancias influyen en el estado de ánimo de los diferentes miembros de la unidad familiar.

¿QUÉ SON LOS CELOS?

Los celos son un estado afectivo caracterizado por el miedo a perder o ver reducidos el cariño y la atención de alguien querido. En un sentido estricto, se entiende, como el sentimiento producido por el temor de que la persona amada prefiera a otra; frecuentemente, este sentimiento va acompañado de envidia – resentimiento hacia quien se percibe como rival.

CAUSAS DE LOS CELOS INFANTILES

Existen distintas situaciones que pueden provocar en el niño/a el temor a perder el afecto de los padres o el sentimiento de haberlo ya perdido. Cabe destacar:

  • El nacimiento de un hermano: el recién nacido requiere una serie de cuidados y atención que hace perder la mayor parte de la que se le dedicaba a él.
  • Los favoritismos y preferencias de los padres: a veces abierta y otras solapadamente los padres manifiestan preferencias por uno de los hijos/as, lo que crea celos en los otros.
  • La excesiva dependencia o necesidad de uno de los padres por parte del niño/a: normalmente de la madre, lo que desencadena celos hacia el otro progenitor por considerarle rival.
  • El sentimiento de inseguridad y de inadaptación: el niño o la persona insegura frecuentemente envidia a los demás; estos sentimientos suelen ser el resultado de situaciones de ridículo en la infancia, de sentirse rechazado o bien criticado de forma severa. El alentar la competitividad entre los hermanos favorece la presencia de los celos.

Al niño/a no le es fácil compartir a su madre ni con el padre ni con el hermano/a, pero con éste último le es más difícil porque es más parecido a él/ella

PAUTAS DE INTERVENCIÓN

Evitar (en la medida de los posible):

  • Los gritos y las descalificaciones.
  • Las atenciones y dedicación excesivas.
  • Privilegios a unos hijos frente a otros.
  • Comparaciones entre los diferentes hijos/as
  • Intromisiones en los conflictos de los hijos/as y tomar partido en ellos (siempre que no haya agresión).
  • Atenciones y recompensas al “chivato”.
  • Comentarios de vecinos, amigos y familiares haciendo comparaciones de vuestros hijos.
  • Un trato irónico, o risa y burla ante conductas inadecuadas.
  • Que el hijo/a mayor deba asumir en todo momento la responsabilidad del cuidado del hermano menor.
  • La competitividad entre hermanos/as
  • Perdonarle, “pasarle” todo al pequeño/a. Muchas veces el pequeño se aprovecha de ese privilegio.

¿Qué debemos hacer?

  • Fomentar la cooperación entre los hermanos/as ( en las tareas de la casa, recados, en situaciones de juego …)
  • Observar y reflexionar sobre las conductas celosas de nuestros hijos y reaccionar sin darles excesiva importancia.
  • Tratar con afecto y atención frecuente a tus hijos para que perciban que son queridos/as.
  • Promover un clima de sosiego y tranquilidad en todos los momentos posibles.
  • Educar a los hijos/as en el control de sus emociones: aprender a soportar pequeñas frustraciones, alegrarse del éxito de los demás, responder con tranquilidad ante situaciones adversas, enseñarle a aceptar sus incapacidades y dificultades con optimismo.
  • Conseguir que se acepten las normas de casa de forma democrática.
  • Respetar el espacio de juego e intimidad de cada hijo/a.

Estimular a los hijos/as para que expresen lo que sienten con libertad y puedan compartir tristezas y alegrías.

COMO AYUDAR A LOS HIJOS/AS ANTE EL NACIMIENTO DE UN NUEVO HERMANO/A

Preparar al niño para la llegada de un hermano

Hacer partícipe a los hijos de las tareas que conlleva la llegada de su hermano: La preparación ayuda al niño aunque no por ello se evitan los celos. Lo fundamental de la preparación es que el niño comprende que se le va a seguir queriendo.

No adelantaremos acontecimientos diciéndole que jugará con su hermanito, ya que aún tendrán que pasar muchos meses para que esto ocurra.

Intentar cambiar lo menos posible la rutina del niño tras el nacimiento del hermano. En distintos estudios se ha comprobado que disminuye considerablemente el grado de atención que recibe el primogénito al tiempo que cambia su rutina tras el nacimiento. Esto afecta mucho al niño/a, por lo tanto procurar controlar su tiempo especial, los ritos para acostarse, seguir diciéndole lo mismo sobre lo que está permitido y lo que no…

Hablar de “igual a igual” con el/la primogénito/a. La rivalidad suele disminuir cuando la madre habla con el mayor de igual a igual con respecto al bebé. Comentar lo que el bebé puede sentir o necesitar, llamar la atención del niño ante el interés del bebé por él, hacia lo que le gusta y lo que no… Algunos ejemplos: “A ella le gusta mirarte”, “¿Se habrá enfadado por despertarle?, “No sonreirá si le gritas porque le asusta un poco”.

No hacer comparaciones Los padres deben procurar no tener preferencias entre los hermanos. Elogiarán a cada hijo por sí mismo, sin adoptar un punto de vista comparativo. No hacer elogios excesivos que no sean sinceros ni creíbles.

Prestar atención al mayor y hacer que lo hagan los demás

Dedicar al día un tiempo exclusivo para el niño/a.

Nunca alejar al mayor por el nacimiento de un hermano

Muchas veces para tener más tiempo para atender al pequeño enviamos al hermano a una guardería o lo confiamos durante un tiempo a otras personas, hemos de evitar esto ya que la amenaza de abandono se concreta y da lugar a perturbaciones en su comportamiento o a sentimientos dolorosos.

Debemos evitar la coincidencia de llevar al mayor a una escuela infantil cuando nace otro/a hermano/a. Es preferible adelantar o retrasar esta entrada para que no asocie: nace mi hermano = salgo de casa.

Procurar dar afecto a los hijos/as sin distinción de edad. En nuestra sociedad solemos prestar excesiva preferencia afectiva al niño pequeño, omitiendo de forma bastante brusca e inconsciente la atención a los hermanos mayores.

Valorar a nuestros hijos/as delante de familiares y visitas, tratando de omitir todo comentario negativo sobre ellos/as.

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9. TU HIJO ES UNA BUENA PERSONA (I)

Extraído del libro “Bésame mucho. Cómo criar a tus hijos con amor” de Carlos González, pediatra.

 

Muchos expertos nos hablan de los problemas de conducta de los niños. Hay problemas de alimentación, de sueño, de violencia, egoísmo…Todo el mundo nos habla de los problemas de nuestros hijos, de cómo detectarlos, prevenirlos, solucionarlos o de cómo nuestros hijos nos “manipulan”. Nadie nos recuerda que nuestros hijos son buenas personas. Nadie nos dice que incluso despiertos (sobre todo despiertos), son gente maravillosa; y corremos el riesgo de olvidarlo. Aún peor, con frecuencia llamamos “problemas”, precisamente, a sus virtudes.

TU HIJO/A ES GENEROSO/A

Elsa juega en la arena con su cubo verde, su pala roja y su caballito. Un niño un poco más pequeño se acerca vacilante, se sienta a su lado y, sin mediar palabra (no parece que sepa muchas) se apodera del caballito, momentáneamente desatendido. A los pocos minutos, Elsa decide que en realidad el caballito es mucho más divertido que el cubo, y lo recupera de forma expeditiva. Ni corto ni perezoso, el otro niño se pone a jugar con el cubo y la pala. Elsa le espía por el rabillo del ojo, y comienza a preguntarse si su decisión habrá sido la correcta. ¡El cubo parece ahora tan divertido!

Tal vez la mamá de Elsa piense que su hija “no sabe compartir”. Pero recuerda que el caballito y el cubo son las más preciadas posesiones de Elsa, digamos como para nosotros el coche. Y unos minutos son para ella una eternidad. Imagina ahora que bajas del coche, y un desconocido, sin mediar palabra, sube y se lo lleva. ¿Cuántos segundos tardarías en empezar a gritar y a llamar a la policía? Nuestros hijos son mucho más generosos con sus cosas que nosotros con las nuestras.

TU HIJO/A ES DESINTERESADO/A

Mario acaba de mamar; no tiene frío, no tiene calor, no tiene sed, no le duele nada… pero sigue llorando. Y ahora, ¿qué más quiere?

Quiere a su mamá. La quiere a ella. No la quiere por la comida, ni por el calor, ni por los juguetes que más adelante le comprará, ni por el colegio de pago al que le llevará, ni por el dinero que le dejará en herencia. La quiere por sí misma, como persona.

El amor de un niño es puro, absoluto, desinteresado. No hace falta ganarlo, ni mantenerlo, ni merecerlo. El doctor Bowlby, un eminente psiquiatra que estudió los problemas de los delincuentes juveniles y de los niños abandonados, observó que incluso los niños maltratados siguen queriendo a sus padres.

¿Por qué no disfrutar como madre de esa maravillosa sensación de recibir un amor absoluto? ¿Preferirías acaso que tu hijo te llamase sólo cuando necesitase algo, y luego “si te he visto no me acuerdo”? Nadie negaría la comida a un niño que llora de hambre, nadie dejaría de abrigar a un niño que llora de frío. ¿Dejarías de tomar en brazos a un niño que llora porque necesita cariño?

TU HIJA/O SABE PERDONAR

Irene ha tenido una rabieta impresionante. No se quería bañar. Luchaba, se revolvía, era imposible sacarle el jersey por la cabeza (¿por qué harán esos cuellos tan estrechos?). Finalmente, su madre la deja por imposible. Ya la bañaremos mañana, que mi marido vuelve antes a casa; a ver si entre los dos…

Tan pronto como desaparece la amenaza del baño, tras sorber los últimos mocos y dar unos hipidos en brazos de mamá, Irene está como nueva. Salta, corre, ríe, parece incluso que se esfuerce por caer simpática. El cambio es tan brusco que coge por sorpresa a su madre, que todavía estará enfadada durante unas horas. “¿Será posible?” “Mírala, no le pasa nada, era todo cuento”.

No, no era cuento. Irene estaba mucho más enfadada que su madre; pero también sabe perdonar más rápidamente. Irene no es rencorosa. Cuando papá llegue a casa, ¿cuál de las dos se chivará? (“Mamá se ha estado portando mal…”). El perdón de los niños es amplio, profundo, inmediato, leal.

TU HIJO/A ES BUEN HERMANO/A

Imagina que tu esposa llega un día a casa con un guapo mozo, más joven que tú, y le dice: “Mira, Carlos, este es Luis, mi segundo marido. A partir de ahora viviremos los tres juntos, y seremos muy felices. Espero que sabrás compartir con él tu ordenador y tu máquina de afeitar. Como en la cama de matrimonio no cabemos los tres, tú, que eres el mayor, tendrás ahora una habitación para tí solito. Pero te seguiré queriendo igual”.

¿No estarías “un poquito” celoso? Pues un niño depende de sus padres mucho más que un marido de su esposa, y por tanto la llegada de un competidor representa una amenaza mucho más grande. Amenaza que, aunque a veces abrazan tan fuerte a su hermanito que le dejan sin aire, hay que admitir que los niños se toman con notable ecuanimidad.

TU HIJO/A ES COMPRENSIVO/A

Conozco a una familia con varios hijos. El mayor sufre un retraso mental grave. No habla, no se mueve de su silla. Durante años, tuvo la desagradable costumbre de agarrar del pelo a todo aquél, niño o adulto, que se pusiera a su alcance, y estirar con fuerza. Era conmovedor ver a sus hermanitos, con apenas dos o tres años, quedar atrapados por el pelo, y sin gritar siquiera, con apenas un leve quejido, esperar pacientemente a que un adulto viniera a liberarlos. Una paciencia que no mostraban, ciertamente, con otros niños. Eran claramente capaces de entender que su hermano no era responsable de sus actos.

Si te fijas, observarás estas y muchas otras cualidades en tus hijos. Esfuérzate en descubrirlas, anótalas si es preciso, coméntalas con otros familiares, recuérdaselas a tu hijo dentro de unos años (“De pequeño eras tan madrugador, siempre te despertabas antes de las seis…”) La educación no consiste en corregir vicios, sino en desarrollar virtudes. En potenciarlas con nuestro reconocimiento y con nuestro ejemplo.

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10. TU HIJO ES UNA BUENA PERSONA (II)

Extraído del libro “Bésame mucho. Cómo criar a tus hijos con amor” de Carlos González, pediatra.

 

Cuando una mujer afirma que su compañero es muy bueno, probablemente es un hombre cariñoso, trabajador, paciente, amable… En cambio, si una madre exclama “mi hijo es muy bueno”, casi siempre quiere decir que se pasa el día durmiendo, o mejor, que “no hace más que comer y dormir” (a un marido que se comportase así le llamaríamos holgazán). Los nuevos padres oirán docenas de veces (y pronto repetirán) el chiste fácil: “¡Qué monos son… cuando duermen!”

En el díptico de este mes vamos a seguir recordando las bondades de nuestros hijos e hijas, porque con la “pelea” del día a día corremos el riesgo de olvidarlas.

TU HIJO/A SABE CEDER

Luis duerme en la habitación que sus padres le han asignado, en la cama que sus padres le han comprado, con el pijama y las sábanas que sus padres han elegido. Se levanta cuando le llaman, se pone la ropa que le indican, desayuna lo que le dan (o no desayuna), se pone el abrigo, se deja abrochar y subir la capucha porque su madre tiene frío y se va al cole que sus padres han escogido, para llegar a la hora fijada por la dirección del centro. Una vez allí, escucha cuando le hablan, habla cuando le preguntan, sale al patio cuando le indican, dibuja cuando se lo ordenan, canta cuando hay que cantar. Cuando sea la hora (es decir, cuando la maestra le diga que ya es la hora) vendrán a recogerle.

Por el camino, al pasar ante el quiosco, pide un “Tontanchante”, “la tontería que se engancha y es un poco repugnante”, y que todos los de su clase tienen ya. “Vamos, Luis, que tenemos prisa. ¿No ves que eso es una birria?” “¡Yo quiero un Tontanchante, yo quiero, yo quiero…!” Ya tenemos crisis.

Mamá está confusa. Lo de menos es el euro que cuesta la porquería ésta. Pero ya ha dicho que no. ¿No será malo dar marcha atrás? ¿Puede permitir que Luis se salga con la suya? ¿No dicen todos los libros, todos los expertos, que es necesario mantener la disciplina, que los niños han de aprender a tolerar las frustraciones, que tenemos que ponerles límites para que no se sientan perdidos e infelices? Claro, claro, que no se salga siempre con la suya.

Seamos serios, por favor. Los niños viven en un mundo hecho por los adultos a la medida de los adultos. Pasamos el día y parte de la noche tomando decisiones por ellos, moldeando sus vidas, imponiéndoles nuestros criterios. Y a casi todo obedecen sin rechistar, con una sonrisa en los labios, sin ni siquiera plantearse si existen alternativas. Somos nosotros los que nos “salimos con la nuestra” cien veces al día, son ellos los que ceden. Tan acostumbrados estamos a su sumisión que nos sorprende, y a veces nos asusta, el más mínimo gesto de independencia. Salirse de vez en cuando con la suya no sólo no les va hacer ningún daño, sino que probablemente es una experiencia imprescindible para su desarrollo.

TU HIJO/A ES SINCERO/A

¡Cómo nos gustaría tener un hijo mentiroso! Que nunca dijera en público “¿Por qué esa señora es calva?” o ¿Por qué ese señor es negro?” Que contestase “Sí” cuando le preguntamos si quiere irse a la cama, en vez de contestar “Sí” a nuestra retórica pregunta “¿Pero tú crees que se pueden dejar todos los juguetes tirados de esta manera?”

Pero no lo tenemos. A los niños pequeños les gusta decir la verdad. Cuesta años quitarles ese “feo vicio”. Y, entre tanto, en este mundo de engaño y disimulo, es fácil confundir su sinceridad con desafío o tozudez.

TU HIJO/A NO TIENE PREJUICIOS

Observa a tu hijo en el parque. ¿Alguna vez se ha negado a jugar con otro niño porque es negro, o chino, o gitano, o porque su ropa no es de marca o tiene un cochecito viejo y gastado? ¿Alguna vez dijo “vienen en pateras y nos quitan los columpios a los españoles”? Tardaremos aún muchos años en enseñarles esas y otras lindezas.

TU HIJO/A ES VALIENTE

Estas en el banco y entra un individuo con un pasamontañas y una pistola. “¡Silencio! ¡Al suelo! ¡Las manos en la nuca!” Y sin rechistar, te tiras al suelo y pones las manos en la nuca. ¿Crees que un niño de tres años lo haría? Ninguna amenaza, ninguna violencia, pueden obligar a un niño a hacer lo que no quiere. Y mucho menos a dejar de llorar cuando está llorando. Todo lo contrario, a cada nuevo grito, a cada bofetón, el niño llorará más fuerte.

Miles de niños reciben cada año palizas y malos tratos en nuestro país. “Lloraba y lloraba, no había manera de hacerlo callar” es una explicación frecuente en estos casos. Es la consecuencia trágica e inesperada de un comportamiento normal: los niños no huyen cuando sus padres se enfadan, sino que se acercan más a ellos, les piden más brazos y más atención. Lo que hace que algunos padres se enfaden más todavía.

Los animales no se enfadan con sus hijos, ni les riñen, sólo gritan a sus hijos para advertirles de que hay un peligro. Y por eso la conducta instintiva e inmediata de los niños es correr hacia el padre o la madre que gritan, buscar refugio en sus brazos, con tanta mayor intensidad cuanto más enfadados están los progenitores.

LA SEMILLA DEL BIEN

Observando el comportamiento de niños de uno a tres años en una guardería, unos psicólogos pudieron comprobar que, cuando uno lloraba, los otros espontáneamente acudían a consolarle. Pero aquellos niños que habían sufrido palizas y malos tratos hacían todo lo contrario: reñían y golpeaban al que lloraba. A tan temprana edad, los niños maltratados se peleaban el doble que los otros, y agredían a otros niños sin motivo ni provocación aparente, una violencia gratuita que nunca se observaba en niños criados con cariño.

Oirás decir que la delincuencia juvenil o la violencia en las escuelas nacen de la “falta de disciplina”, que se hubieran evitado con “una bofetada a tiempo”. Eso son tonterías. El problema no es falta de disciplina, sino de cariño y atención, y no hay ningún tiempo “adecuado” para una bofetada. Ofrécele a tu hijo un abrazo a tiempo. Miles de ellos. Es lo que de verdad necesita.

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11. QUIEN BIEN TE QUIERE TE HARÁ REÍR


PEGAR A LOS HIJOS CARECE DE SENTIDO

Existen muchas formas de entender el castigo físico. Muchas formas de explicarlo y definirlo. Sin embargo, hay una que reúne los variados conceptos: el castigo físico es el uso de la fuerza causando dolor, pero no heridas, con el propósito de corregir una conducta no deseable en el niño. Esta definición fue difundida por Save the Children, dentro de la campaña “Educa, no pegues”, empleada para la sensibilización contra el castigo físico en la familia.

Todos hemos vivido situaciones de castigo físico alguna vez. Un azote, un capón, o un cachete, é usado por muchos padres para frenar la rabieta o la desobediencia de los hijos. Son escenas tan cotidianas en nuestra sociedad que a muchos no les parece nada extraño, y nada cuestionable. Sin embargo, es algo que hace sentir mal no solo a los niños como también al que lo aplica. Y ¿por qué será? ¿Os habéis preguntado el por qué después de pegar al hijo uno se siente tan mal?

EDUCAR O PEGAR

La práctica del castigo físico está fuertemente enraizada en nuestra sociedad en la que se ha trasmitido a través de las generaciones, pero eso no quiere decir que sea la mejor o la ideal forma de educar a un niño. Debemos buscar alternativas más constructivas y positivas, que estimulen su desarrollo sano, y que nos haga sentir bien a todos. El pegar no enseña, no educa, solo representa amenaza y sumisión a los niños. El castigo físico enseña al niño a tener miedo y a ser sumiso a tal punto de disminuir su capacidad para crecer como persona autónoma y responsable

¿POR QUÉ PEGAN LOS PADRES Y MADRES A SUS HIJOS?

  • Porque lo consideran oportuno para la educación de sus hijos
  • Porque lo utilizan para descargar sus nervios
  • Porque carecen de recursos suficientes para afrontar una situación difícil
  • Porque no poseen las habilidades necesarias para conseguir lo que quieren
  • Porque no definen bien las situaciones sociales en las que las emiten
  • Porque no consiguen controlar sus emociones

El castigo físico hace daño tanto a los niños y niñas como a los que lo aplican equivocadamente en la educación Por lo tanto su erradicación es una obligación ética.

EFECTOS DE LOS CASTIGOS FÍSICOS EN NIÑOS Y NIÑAS

  • Paraliza la iniciativa del niño, bloqueando su comportamiento y limitando su capacidad para resolver problemas.
  • No fomenta la autonomía de los niños
  • Ofrece la actitud violenta como un modo válido para resolver los problemas.
  • Daña su autoestima. Genera sensación de minusvalía y promueve expectativas negativas respecto a sí mismo.
  • Les enseña a ser víctimas. Equivocadamente, muchos creen que la agresión hace más fuertes a las personas que la sufren y “les prepara mejor para la vida”, pero sabemos que no sólo no les hace más fuertes, sino más proclives a convertirse repetidamente en víctimas.
  • Interfiere en sus procesos de aprendizaje, y por lo tanto en el desarrollo de su inteligencia, sus sentidos y su emotividad.
  • Se aprende a NO razonar. Al excluir el diálogo y la reflexión, dificulta la capacidad para establecer relaciones causales entre su comportamiento y las consecuencias que de él se derivan.
  • Les hace sentir soledad, tristeza, y abandono.
  • Incorporan a su forma de ver la vida una visión negativa de los demás y de la sociedad, como un lugar amenazante.
  • Crea un obstáculo, un impedimento en la comunicación entre padres e hijos. Daña los vínculos emocionales creados entre ambos.
  • Les hace sentir rabia, rencor, y ganas de alejarse de casa.
  • Pueden presentar dificultades para integrarse socialmente, es decir, para hacer amigos y jugar con los demás niños.
  • No se aprende a cooperar con las figuras de autoridad, se aprende a someterse a las normas o a transgredirlas.
  • Pueden sufrir daños físicos accidentales. Cuando alguien pega se le puede “ir la mano” y provocar más daño del que esperaba.

Cuando los padres castigan mediante violencia física o verbal se convierten para el niño/a en modelos de conductas agresivas.

EFECTO DE LOS CASTIGOS FÍSICOS EN LOS PADRES

  • El castigo físico puede producir ansiedad y sentimiento de culpa, incluso cuando se considera correcta la aplicación de este tipo de castigo.
  • La violencia se expande. El empleo del castigo físico aumenta la probabilidad de que los padres muestren comportamientos violentos en el futuro en otros contextos con mayor frecuencia y más intensidad.
  • Impide su comunicación con los hijos y deteriora las relaciones familiares
  • Cuando usan el castigo físico porque carecen de recursos alternativos, aparece una necesidad de justificación ante sí mismo y ante la sociedad. Al malestar por los efectos de castigo físico en los niños y niñas se suma la incomodidad de una posición incoherente o no fundamentada.

EFECTO DE LOS CASTIGOS FÍSICOS EN LA SOCIEDAD

  • La aplicación del castigo físico aumenta y legitima ante las nuevas generaciones el uso de la violencia en la sociedad.
  • Genera una doble moral. A los adultos no se les puede agredir, a los niños y niñas sí.
  • Dificulta la protección de la infancia. Al permitir estas prácticas, la sociedad “abandona” e ignora el derecho de protección de los niños y niñas.
  • Se educan ciudadanos sumisos, condicionados a ser siempre víctimas.

La instrucción, el diálogo y el respeto han de ser la norma en las relaciones familiares

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12. EDUCACIÓN SEXUAL (I)


La sexualidad infantil existe, aunque en diversos contextos y momentos históricos se haya dicho que no. Se desarrolla y expresa fundamentalmente a través de la curiosidad (observación, manipulación, autodescubrimientos, fisgoneo o preguntas) y el juego (exploración, imitación e identificación).

El sentido y los significados que niñas y niños dan a sus descubrimientos y juegos sexuales poco tienen que ver con los dados por las personas adultas. Sus actividades sexuales se basan en motivos diferentes. Por ello, es importante no interpretar las expresiones de su sexualidad desde nuestra óptica y nuestra experiencia de personas adultas y atribuirles significados que no tienen.

SIEMPRE SE HACE EDUCACIÓN SEXUAL

Cualquier persona adulta que se relacione con una niña o un niño está educando la afectividad y la sexualidad, quiera o no quiera. Se hace educación sexual con las palabras que se dicen y que no se dicen, con los gestos, abrazos, caricias o muestras de afecto que se dan y que no se dan…; y todo ello son elementos que siempre están presentes en las relaciones que establecemos con las criaturas desde que nacen.
Pero también educamos con nuestras actitudes y con nuestras formas de sentir, pensar y actuar ante las expresiones de la sexualidad infantil.

Los niños son como esponjas, atienden a todo lo que ven y oyen; Por ejemplo, un niño sentirá el beso de una maestra o sus palabras de aprecio, pero sobre todo las ganas o desganas con que ese beso ha sido dado o esas palabras han sido dichas.

No hay que olvidar que la gran mayoría de los aprendizajes infantiles se dan por imitación, y esto es válido también para el aprendizaje sobre cómo son y deben ser las relaciones. Los modelos que ven, perciben e intuyen tienen, por tanto, mucha trascendencia.

Los niños y las niñas, por tanto, siempre aprenden hechos, actitudes y conductas sexuales de las personas adultas que les educan, tengan éstas o no conciencia de ello; incluso cuando lo que predomina es el silencio o el hermetismo, ya que no hablar de estas cuestiones es ya un modo de comunicar mensajes.

Tomar conciencia de estos hechos es el primer paso para empezar a hacer positivo este aprendizaje, y ayudar a que los mensajes insanos, represivos o negativos no formen parte del pensamiento infantil

OBJETIVOS DE LA EDUCACIÓN SEXUAL

La educación de la sexualidad comprende el desarrollo de las niñas y los niños como seres sexuados de una forma sana, libre, feliz y responsable. Esta finalidad se traduce en los siguientes objetivos:

  • Conocer, aceptar y cuidar el propio cuerpo sexuado.
  • Dar un sentido y un significado propio y singular al cuerpo sexuado.
  • Reconocer y valorar la diferencia sexual.
  • Vivir y expresar la sexualidad en relación, es decir, teniendo en cuenta al otro o a la otra.

CUESTIONES BÁSICAS EN TORNO A LA EDUCACIÓN SEXUAL:

El contacto físico El contacto físico es para las niñas y los niños, sobre todo cuando aún no saben expresarse con palabras, un medio insustituible, necesario y eficaz para expresar sus sentimientos y emociones. Sin él, les sería muy difícil comunicarse.

En los primeros años de vida, el contacto físico con sus mayores suele ser muy frecuente y es a través de él como ellos y ellas aprenden a tocar y ser tocados o tocadas, abrazar y besar, mirar y ser mirados o miradas, comunicar y entender lo que se les dice, tener seguridad en la otra persona que les quiere, tener seguridad en sí mismo o sí misma al recibir afecto, aprender a reconocer y expresar emociones.

Dar calidad a los vínculos y a las relaciones Un vínculo basado en la aceptación, la escucha, la seguridad y la confianza propiciará que, a medida que vayan creciendo, entiendan y acepten con mayor facilidad los mensajes, explicaciones, acuerdos, criterios o pautas que dicen y establecen las personas adultas.

Aceptar Cada niño y cada niña son diferentes y singulares. Para reconocer estas peculiaridades y aceptarlas hace falta VER a cada criatura. Si no se la ve, con todo lo que esto implica, es difícil darse cuenta de cómo es, qué siente, por dónde va o cómo ha elaborado un pensamiento.

Escuchar La escucha se da en una relación de aceptación. La escucha implica interés por entender de verdad qué vive y quién es el niño o la niña con quien nos relacionamos comprendiendo que es un ser único.

Cuando se les escucha bien, aprenden a expresar lo que realmente viven y sienten y a abrirse a los y las demás. Esto es lo más importante para el desarrollo de su sexualidad y para ser felices, más que cualquier información que les podamos dar sobre la genitalidad o la fecundidad.

Este aprendizaje es casi imposible cuando priman la censura, los sermones, las ideas prefijadas, o la ansiedad por encontrar respuestas rápidas.

Confiar Cuando confiamos en sus capacidades les ayudamos a desarrollar su propia autonomía y confianza, e incluso a que nos señalen el tipo de apoyo que necesitan en cada momento, sin que tengamos que adelantarnos siempre.

Contestar Lo más importante no son los contenidos de las respuestas, sino la disposición a contestar. Lo que importa es mostrar que se responde porque hay un interés por la niña o el niño y dejar la puerta abierta para que sigan preguntando siempre que quieran y necesiten. No hay que sentirse mal por no saber la respuesta de algo que se nos pregunta, siempre se puede buscar en un libro o preguntársela a otra persona.

Además, es importante saber que, cuando se contesta a una pregunta, ésta no está contestada para siempre. Con frecuencia, vuelve a surgir la misma inquietud una y otra vez: a veces porque les gusta escuchar la respuesta, otras porque necesitan escucharla varias veces para asimilarla dentro de su interpretación de la realidad, otras porque aparecen nuevos matices que les interesan, etc.

Asimismo, por muy claras que sean las respuestas, los niños y las niñas tienden a hacer conexiones ilógicas y mágicas. Es importante no reírse de estas conexiones y contestar a sus preguntas las veces que haga falta, no centrándose sólo en hechos, sino en actitudes, sentimientos y expectativas.

Decir la verdad A menudo, es preferible el dolor que les puede suponer una verdad que no les gusta a la sensación de que les hemos engañado. La honestidad produce confianza y, si hay una relación de confianza, los niños y las niñas sabrán que pueden preguntar sobre sexualidad y las preguntas fluirán solas. Por otra parte, las mentiras hacen que dejen de preguntar espontáneamente por cuestiones sexuales.

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13. EDUCACIÓN SEXUAL (II)


LA CONCIENCIA DE SER NIÑA O SER NIÑO

En nuestra cultura, lo habitual es que un niño o una niña empiecen a tener las primeras nociones sobre la sexuación humana, no a través de su cuerpo, sino a través de otros medios. Aprenden que en el mundo hay niñas y niños y a distinguir a unos y otras por la apariencia externa y por los comportamientos y actividades que se les atribuyen, pero aún no saben lo que es el sexo. Sólo más tarde (entre los tres y cuatro años) descubrirán que las personas de uno y otro sexo tienen cuerpos diferentes, y que ser niña o niño no depende de otra cosa más que del sexo al que se pertenece.

Cada criatura va construyendo qué significa ser niño o ser niña a través de la observación y de los mensajes que recibe sobre qué es propio o impropio para cada sexo. Cuanto más estereotipados sean los mensajes que reciben, menor será su posibilidad de desarrollarse libremente.

La transmisión de mensajes estereotipados se da muchas veces de una forma muy sutil, por ejemplo, cuando:

  • Ven que en la comunicación afectiva con los niños, las personas adultas priman las cosquillas y los golpeteos, y con las niñas, los besos y los abrazos. Aprenden así que unos y otras han de expresarse de modo diferentes.
  • Captan el rubor de una persona adulta ante los achuchones y abrazos que dos niños se dan entre sí. Aprenden así que dos niños no deben expresarse de este modo.
  • Intuyen el malestar adulto ante un niño que juega con un carrito de muñecas. Aprenden así que este no es un juego adecuado para él.
  • Escuchan expresiones del tipo “dile a mamá que te cosa el botón”. Aprenden así que es una tarea propia de las mamás, no de los papás.
  • Escuchan cuentos en los que los personajes masculinos y femeninos reproducen estereotipos y desigual protagonismo.

Aunque también observarán al abuelo que pasea orgulloso a su nieta en un cochecito, a su madre yendo a la oficina, a su hermano mayor dejándose el pelo largo, y a las parejas que se besan y abrazan en el parque. Y todo ello les dará la oportunidad de conocer otros modelos de ser hombre y mujer menos estereotipados, aunque no siempre les resultará fácil aceptarlos.

Hasta tal punto los géneros son construcciones culturales alejadas del sexo, que niñas y niños tardan un tiempo en saber que la diferencia entre ser hombre o mujer está en el sexo y que además esta diferencia permanece siempre, es decir, que lo realmente importante y determinante es el sexo, y no el vestido o los juguetes. Para estar a gusto en el propio sexo es necesario comprender que el sexo no es un adjetivo ni algo que se puede quitar o poner, que es lo que somos y lo somos para siempre. De ahí la importancia de ayudarles a que exploren, descubran y reconozcan su propio cuerpo. En la medida en que conocen, aceptan, nombran, valoran y cuidan el propio cuerpo —todas las partes del cuerpo—, empiezan a vivir y a expresar su sexualidad con más libertad y a sentir la seguridad necesaria para poder mostrarse tal cual son sin miedo de dejar de serlo. Sabrán que son una niña o un niño, aprenderán que han nacido con un sexo determinado, aceptarán que esto ocurre necesariamente,
comprenderán que no es mejor un sexo que el otro, y sabrán que hay infinitas maneras de ser niña o niño y no una sola.

LA DIFERENCIA: RECONOCER AL OTRO SEXO

Aceptar, reconocer y valorar, tanto el propio sexo como el otro, es un proceso esencial para la vivencia y la expresión de la sexualidad. Es importante que niños y niñas aprendan a aceptar que hay dos sexos y a no hacer de ello motivo de discriminación o de desigualdad.

SABER QUE NINGÚN SEXO VALE MÁS QUE OTRO

Con frecuencia, a través de mensajes sobre la sexualidad, en la infancia se reciben señales que llevan a creer que un sexo vale más que otro. Algunos ejemplos de estos mensajes son:

  • Los que hacen creer que los niños tienen algo más valioso que las niñas y que éstas, además, no tienen nada: “Los niños tienen pene y las niñas no”.
  • Los que hacen creer que los niños pueden hacer más cosas y mejor que las niñas: “Los niños pueden hacer pis de pie y las niñas no”.
  • Los que hacen creer que en la reproducción los padres ponen lo más importante y las madres son sólo un recipiente: “Papá pone la semillita en mamá…”

Todo esto puede llevar a que muchas niñas asocien el descubrimiento de su sexo con ser incompletas y se identifiquen, por tanto, en negativo: “Soy niña porque no soy niño”.

Por el contrario, la visibilidad de los genitales masculinos y su sobrevaloración en nuestra tradición cultural, hace que muchos niños asocien su sexo con la potencia, la fuerza y el dominio, y no con la relación, el intercambio y la comunicación. Y esto es una gran limitación para el desarrollo afectivo y sexual de los niños.

En determinados círculos se considera que cuando una niña se acerca al mundo de los niños gana algo que hasta entonces no tenía, mientras que cuando un niño se acerca al mundo de las niñas pierde algo porque deja de ser y hacer cosas consideradas realmente importantes. Esto es así porque cuando las niñas no son vistas, reconocidas ni valoradas, es común considerar que los juegos realmente divertidos son los que normalmente juegan los niños y se tiende a fomentar que ellas jueguen como ellos, pero no a la inversa.

Asimismo, es común considerar que no es bueno que un niño “transgreda” el estereotipo masculino para que no sea discriminado ni sufra por ello en su futuro. Es un modo más de sobreprotección que le quita al niño la posibilidad de desarrollarse libremente. Este miedo tiene que ver con algunas ideas falsas: por ejemplo, pensar que si un niño se acerca al mundo de las niñas corre el riesgo de ser homosexual y que ser homosexual es un problema o enfermedad.

Estos mensajes llevan a que algunos niños no quieran acercarse al rincón de la casita en las escuelas infantiles. Sin embargo, para muchos, es el único espacio que tienen para poder expresar sentimientos, coquetear con su cuerpo, aprender a cuidar, etc., por eso, no ayudarles a reconocer lo que las niñas les pueden aportar, les puede suponer una gran pérdida.

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14. LAS RABIETAS


La independencia y autonomía es un largo camino que se va adquiriendo con la edad y a partir de los dos años, los niños y niñas empiezan a independizarse de una forma muy rudimentaria. ¿Cómo hace el niño para manifestar su independencia? Pues dada su edad es una estrategia muy simple: consiste solamente en negar al otro. ¿Cómo sé yo (niño) que soy otro y puedo hacer cosas diferentes a mis padres? ¡Pues llevándoles la contraria! El único problema para los niños es que les conlleva un conflicto emocional importante porque como los padres no entienden lo que pasa y normalmente se enfadan con ellos, los niños notan que se están enfrentando a los seres que más quieren y eso les provoca una ambivalencia de sentimientos.

Eso, nada más y nada menos, son las famosas rabietas: una lucha interior entre lo que debo hacer por naturaleza y una incomprensión de mis padres hacia tales actos que me provocan unos sentimientos ambivalentes y negativos. Esa ofuscación entre querer una cosa, no entender lo que pasa y el rechazo paterno, es la fuente de la mayoría de las rabietas. Por eso lo mejor es dejarle claro que haga lo que haga siempre le queremos y le comprendemos, aunque a veces no estemos de acuerdo. Si el niño lleva la contraria a sus padres es para comunicarles algo muy importante: “¿lo ves?, me hago mayor. ¡Yo no soy tú!. Puedo querer, desear y hacer cosas que tú no quieres”.

¿QUÉ PODEMOS HACER ANTE UNA RABIETA?

1. Comprender que el niño no pretende tomarnos el pelo.

Nada más lejos. En estas conductas del niño no hay ningún sentido de “ponernos a prueba” ni hay ningún juego de poder entre medio (bueno a veces los padres sí que se lo toman como tal, pero el niño nunca pretende “desafiar” al adulto, solo hacer cosas diferentes a sus padres). Si el niño lleva la contraria a sus padres es para comunicarles algo muy importante: “¿lo ves?, me hago mayor. ¡Yo no soy tú! Puedo querer, desear y hacer cosas que tú no quieres”. Esta simple convicción hará que seamos más flexibles con ellos (y por lo tanto se evitan muchos conflictos). Solamente pretende mostrarnos su identidad diferenciada.

2. Dejar que pueda hacer aquello que quiere.

Siempre y cuando, claro está, no sea peligroso o nocivo para su salud e integridad física. Evidentemente lo primero es salvaguardar la vida humana, pero los niños raramente piden cosas nocivas. El hecho de que el niño pueda experimentar el resultado de sus acciones sin notar el rechazo paterno hará que no se sienta mal ni ambivalente (y, de paso, evitamos la rabieta).

3. Evitar tentaciones.

Los comerciantes saben perfectamente que los niños piden cosas que les gustan (por eso en los grandes supermercados suelen poner chucherías en las líneas de caja) ¿Acaso pensaba que el suyo es el único niño que montaba en cólera por una chuchería? Intente evitar esos momentos (no se lo lleve de compras a una juguetería o intente buscar una caja donde hacer cola que no tenga expositor de juguetes ni dulces) o pacte con él una solución (“Cariño vamos al súper. Mamá no puede estar comprando cada día chuches porque no son buenas para tu barriguita, así que solo elegiremos una cosita”). Si los mayores nos rendimos muchas veces a una tentación (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra), ¿por qué pensamos que un niño puede contenerse más que nosotros?

4. No juzgar a nuestros hijos e hijas.

Podemos expresar nuestra disconformidad, pero no atacamos la personalidad del niño o valoramos negativamente su conducta. Es decir, mi hijo no es más bueno o malo porque ha hecho una cosa bien o no. Mi hija siempre es buena, aunque a veces yo no la entienda o no me guste lo que ha hecho. (Esto esta mal o esto está bien). Se trata de entender sus emociones, a pesar de mostrar nuestra disconformidad.

5. Las rabietas se pasan con la edad.

Llega un día en que la niña adquiere un lenguaje que le permite explicarse mejor que a través del llanto y las pataletas. También llega un día en que sabe lo que “es” y “quiere” y lo pide sin llevar la contraria a nadie. Llega un momento en que, si no hemos impedido sus manifestaciones autónomas y de autoafirmación, tenemos una hija autónoma, que sabe pedir adecuadamente lo que quiere porque ha aprendido que nunca le hace falta pedirlo mal si su petición es razonable.

¿Cómo hacer que llegue antes este momento en que finalizan las rabietas? Por una parte, hemos de procurar que en la etapa anterior (la del apego que explicábamos al principio) el niño esté correctamente apegado, ya que un niño inseguro tardará más en pasar esta etapa de independencia. Así que si quiere que su hijo sea autónomo, mímele todo lo que pueda cuando sea pequeño. Para adquirir la independencia se necesita seguridad y la seguridad se adquiere con un buen apego.

Sé que es difícil acordarse de todo ante una rabieta infantil. Sé que es difícil razonar cuando estamos a punto de perder la razón. Sé que es difícil y, por eso, ante la duda de no saber como actuar, intente querer a su hijo al máximo porque él lo estará necesitando, ya que las rabietas también hacen sentirse mal a los niños y niñas.

Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite”

o lo que es lo mismo:

Intenta ponerte en mi lugar porque yo también lo estoy pasando mal”.

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15. 25 MANERAS DE HABLAR…


Una parte importante de la educación es cómo hablar con los niños. La forma en la que hablamos con ellos les enseña la forma de hablar con otros.

1. CONECTA ANTES DE DIRIGIR: Antes de dar directivas a tu hijo/a, desciende al nivel de sus ojos y establece contacto ocular con el/ella, para obtener su atención. Ofrece el mismo lenguaje corporal cuando estés escuchando a tu hijo. Ten cuidado de que tu mirada no sea tan intensa que controle en lugar de contactar.

2. DIRÍGETE AL NIÑO/A: “Mario, quieres por favor….”

3. SE BREVE: Usa reglas de una sola frase, pon la orden principal en la frase de inicio. Cuanto más tiempo divagues, más probable es que tu hijo se vuelva sordo para los padres. Demasiado hablar es uno de los errores más frecuentes cuando dialogamos. Produce en el niño la impresión de que no estás muy seguro de lo que quieres decir.

4. SE SIMPLE: Utiliza frases cortas y palabras de una sílaba, observa el modo en que ellos hablan unos con otros y toma nota. Cuando tu hija muestra esa mirada vidriosa y desinteresada, ya no te está entendiendo.

5. PÍDELE A TU HIJA QUE TE REPITA TU PETICIÓN: Si no puede, ha sido demasiado larga o demasiado complicada.

6. HAZ UNA OFERTA QUE TU HIJO NO PUEDA RECHAZAR: Tú puedes razonar con un niño de dos-tres años, especialmente para evitar berrinches: “vístete para que puedas salir a jugar”. Ofrece una razón para sus peticiones, que sea para ventaja del niño, y que sea difícil de rechazar. Esto le da un motivo para salir de su posición de poder, y hacer lo que le pides.

7. SE POSITIVO: En lugar de decir: “no corras”, dí: “dentro caminamos, fuera se puede correr”.

8. EMPIEZA TUS PETICIONES CON LA PALABRA “QUIERO”: En lugar de decir: “bájate de ahí”, dí “quiero que te bajes de ahí”. Esto funciona bien con niños a los que les gusta agradar, pero no recibir órdenes. Diciendo quiero, das una razón para agradar, más que una orden.

9. CUANDO… ENTONCES…: “Cuando te hayas cepillado los dientes, te contaré el cuento”. Decir cuando, implica que tú esperas ser obedecido, en cambio decir “si …entonces…” da al niño la sensación de que puede optar por hacerlo o no.

10. PRIMERO LAS PIERNAS, DESPUÉS LAS PALABRAS: En lugar de gritar “apaga la televisión y a cenar” acércate a donde está viendo la TV, únete a ella un ratito, y en el primer intermedio, dile que la apague. Yendo hacia ella, le convences de que tu requerimiento es realmente serio. De otra manera, lo interpretan como una mera preferencia.

11. OFRECE ALTERNATIVAS: “¿Prefieres ponerte antes el pijama o cepillar los dientes?”.

12. HABLA DE FORMA ADECUADA A SU DESARROLLO: Cuanto más pequeño, más cortas y simples deben ser las órdenes. Considera su nivel de comprensión. Un error es preguntarle a un niño de tres años ¿Por qué has hecho eso?. La mayor parte de los adultos tienen problemas para explicar su comportamiento. Prueba en cambio: “vamos a hablar de lo que has hecho”.

13. HABLA DE FORMA SOCIALMENTE CORRECTA: Incluso una niña de dos años puede aprender “por favor”. Espera que tu hija sea educada. Los niños no deberían sentir que la educación es opcional. Habla con tus hijos de la forma en que esperas que ellos hablen contigo.

14. HABLA DE FORMA PSICOLÓGICAMENTE CORRECTA: Los comienzos amenazantes o sentenciosos, son propensos a poner al chico a la defensiva. Los mensajes que comienzan con “tu” hacen al niño encerrarse. Los que empiezan con “yo” no son acusadores. En lugar de empezar: “tu debes hacer…” prueba diciendo: ”a mi me gustaría que hicieras….” o “yo necesito que hagas”. No hagas una pregunta inicial, si la respuesta negativa no es una opción: ¿quieres poner la mesa? Di, simplemente: “pon la mesa por favor”.

15. ESCRÍBELO: Los recordatorios pueden derivar en quejas con demasiada facilidad, especialmente en los preadolescentes, que piensan que decirles cosas los sitúa en la sección de esclavos. Sin decir una palabra, puedes comunicar todo lo que necesites decir: habla con una libreta y un lápiz. Deja notas humorísticas a tus hijos, siéntate y observa lo que ocurre.

16. BAJA EL TONO DE TUS HIJOS: Cuanto más alto grite el niño, más bajo habla tú. Deja a tu hijo ventilarse, mientras tú intercala comentarios de tanto en tanto: “entiendo” o “¿puedo ayudarte?”. A veces, solo con practicar una escucha atenta puede disminuir el volumen de una rabieta. Si te pones a su nivel, tendrás dos berrinches que manejar. Sé un adulto para él.

17. SERENA AL NIÑO: Antes de dar una orden, restaura el equilibrio emocional del niño, de otra forma estás perdiendo el tiempo. Nada profundiza, cuando un niño está en un naufragio emocional.

18. REPITE TU MENSAJE: Los niños pequeños necesitan que les repitan las cosas cientos de veces. Con menos de 2 años, tienen dificultad para interiorizar órdenes. A partir de los tres años, comienza a calar lo que se les dice. Los preadolescentes ven la repetición como una queja. Repite cada vez menos veces, a medida que crece.

19. DEJA QUE TU HIJA COMPLETE EL PENSAMIENTO: En lugar de decir: “no dejes ese barullo amontonado”. Di: “Julia., piensa donde quieres guardar tus cosas de jugar al fútbol”. Al dejar que la niña complete los espacios en blanco, será una lección duradera.

20. HAZ RIMAS PARA LAS NORMAS: “Para cruzar, la manita hay que dar”

21. OFRECE ALTERNATIVAS QUE GUSTEN: “No puedes ir sola al parque, pero puedes jugar en el patio”.

22. AVISA POR ADELANTADO: “Vamos a salir enseguida, ve diciendo adiós a los muñecos (o a los otros niños)”.

23. ABRIR A UNA NIÑA CERRADA: Selecciona frases que hagan abrirse a las pequeñas mentes cuando se cierran. Utiliza lo que sabes que a tu hijo entusiasma. Haz preguntas que requieran una respuesta diferente de si y no. En lugar de “¿qué tal lo has pasado en el cole?” pregunta cosas específicas “¿qué es lo más divertido que has hecho hoy en el cole?”

24. USA “CUANDO TÚ… YO ME SIENTO… PORQUE…”: “Cuando te alejas yo me preocupo porque podrías perderte”.

25. CIERRA LA DISCUSIÓN: Si una cuestión está realmente fuera de discusión, di NO.”No cambiaré mi decisión sobre esto. Lo siento”. Ahorraras tiempo y desgaste a ti y a tu hijo.

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16. CÓMO CONTAR UN CUENTO


Contar un cuento a nuestro hijo o hija es como poner en funcionamiento cientos de piezas de un precioso mecanismo. Somos incapaces de explicar cómo o por qué funciona pero nos maravilla. Del mismo modo, la conexión que se establece entre un adulto que cuenta un cuento y un niño que lo escucha, tiene algo de mágica, pero es difícil explicar cuál es el misterio de esa unión que se establece entre ambos.

Muchos de nosotros somos narradores en potencia y, sin embargo, nos limitamos a leer una y otra vez aquellos cuentos de los que va haciendo acopio nuestro hijo, con un entusiasmo e interés que va decayendo por las dos partes. Posiblemente esto ocurre porque nos faltan recursos, principalmente expresivos. Porque intuimos que hay algo que va más allá del relato, pero no sabemos qué es, ni cómo presentárselo a esa niña que nos mira con la cabeza ladeada, agrandando los ojos y dibujando una inmensa sonrisa, dispuesta a convertirse en heroína, aventurera o maga y esperando que seamos nosotros los que le mostremos cómo hacerlo.

En ese caso, aquí van algunos consejos que, cuando menos, mantendrán viva la ilusión y la atención de nuestro hijo. Para que la próxima vez que nos pida “¿me cuentas un cuento?”, sintamos que se acerca ese momento maravilloso que estabamos esperando.

ALGUNOS CONSEJOS A LA HORA DE CONTAR UN CUENTO:

Conocer o aprenderse el cuento: antes de que nuestra hija nos pida que le expliquemos aquel cuento de nuestra infancia que casi no recordamos, o el que le compramos hace unos días y que aún no hemos leído, tenemos que procurar ponernos al día y repasarlos. Es necesario transmitir un profundo conocimiento del cuento y no interrumpir la narración.

Utilizar un lenguaje adecuado: adaptado a su edad, que sea simple y claro. Esto facilitará que comprenda mejor la historia y evitaremos su cansancio o aburrimiento.

No interrumpir el desarrollo de la acción: Es preferible seguir el ritmo de la narración, facilitando que la imaginación nos lleve a lo más profundo de la historia.

Transmitir entusiasmo: es cierto que a veces pensamos “¿y ahora tengo que contar un cuento, que ya he repetido mil veces, después de estar todo el día trabajando y llegar a casa agotado?”. Si intentamos superar esa situación con un poco de ánimo, pensando en la ilusión de nuestro hijo por vivir juntos ese momento, podemos simular que el cuento nos interesa y sin darnos cuenta, llegará un momento en que el interés simulado se convertirá en auténtico y nuestro esfuerzo inicial nos facilitará la disposición de ánimo que tanto buscábamos. Disfrutaremos de un momento único y relajado que nos ayudará a olvidar las dificultades del día.

Despertar interés: generalmente los niños y niñas escuchan mucho más atentamente un cuento contado que un cuento leído. Narrar un cuento permite mucha más espontaneidad que leerlo. Nuestros ojos se encuentran con los de nuestro hijo, su expresión responde a la nuestra y la relación se estrecha enormemente. Una forma de despertar su interés es, por ejemplo incluyendo su nombre en el relato y darle un papel especial en la historia: “”el lobo dejó a Caperucita en el bosque y se fue corriendo a casa de la abuela, pero por el camino se encontró con Guillermo y se dio un susto tremendo, porque Guillermo era un niño que…”.

Repetir el mismo cuento: si tu hijo o hija quiere que le repitas una y otra vez el mismo cuento, hazlo. A veces los niños piden que se les cuente un cuento concreto porque presenta un conflicto, un protagonista, una situación ideal, etc., que el niño tiene muy presente en ese momento, por eso aconsejamos respetar la elección que haga respecto al cuento que quiere escuchar.

¿QUÉ APORTAN LOS CUENTOS A MI HIJO/A?

  • Los cuentos infantiles satisfacen y enriquecen la vida interna de los niños y niñas: esto es debido a que los cuentos se desarrollan en el mismo plano en el que se encuentra la criatura, respecto a aspectos psicológicos y emocionales, lo que le ayuda a estimular su imaginación, desarrollar su inteligencia y clarificar sus emociones. Le ayuda también a reconocer sus conflictos y le aporta soluciones a los problemas que le inquietan.
  • Los cuentos aportan a la imaginación del niño y la niña nuevas dimensiones a las que le sería imposible llegar por sí solo: necesitan que le demos la oportunidad de comprenderse a sí mismo. Los cuentos generalmente proporcionan seguridad al niño porque le dan esperanzas respecto al futuro por cuanto mantienen la promesa de un final feliz. Al mismo tiempo, ofrecen soluciones a los conflictos del niño, ya que sus contradicciones internas son representadas y expresadas mediante los personajes y las acciones de la historia.
  • Los cuentos ayudan a los niños y niñas a vencer presiones internas que lo dominan: el niño podrá empezar a aceptar y comprender sus ideas y sentimientos contradictorios cuando, por ejemplo, todos sus pensamientos llenos de buenos deseos se expresen a través de un hada buena; sus impulsos negativos a través de una bruja maléfica; sus miedos a través de un lobo; sus celos a través de unas hermanastras crueles, etc. Al identificarse con los personajes empiezan a experimentar sentimientos de justicia, fidelidad, amor, valentía, etc.
  • Los cuentos transmiten mensajes educativos y valores morales importantes y ayudan a las niñas y niños a superar las dificultades con las que se encuentran. De ahí, que a veces el niño insista en la repetición del mismo cuento, porque necesita acabar de captar el mensaje que ese cuento le transmite y la solución que ofrece a su propia problemática.
  • Los cuentos proporcionan confianza: los cuentos tradicionales (Caperucita, los TresCerditos, Blancanieves, etc.) hacen surgir en niños y niñas la esperanza de que los episodios más o menos desafortunados o desgraciados de su vida irán disminuyendo de intensidad y acabarán por desaparecer. Es precisamente su final feliz, lo que hace de estos cuentos una narración muy adecuada para ser contada por la noche, pues ayuda a nuestro hijo o hija a dormir apaciblemente, ya que parece prometerle que el sueño que está próximo, al igual que el cuento, acabará bien.

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17. LA ADAPTACIÓN ESCOLAR

 

El final de las vacaciones y la vuelta a la rutina no sólo afectan a los adultos.

Los niños y niñas también sufren una etapa delicada con el regreso al colegio o el inicio de la guardería. La incorporación a las aulas después de más de dos meses de vacaciones, causa problemas de adaptación al 5% de niños y niñas de entre 3 y 8 años. La recuperación del ritmo de clases y estudio se convierte, en especial para los más pequeños o de quienes acuden al colegio por primera vez, en la asignatura más difícil del curso. Aunque no hay fórmulas mágicas, es posible suavizar esta particular ‘operación retorno”

PREPARACIÓN PREVIA

  • Si puedes visita, con tu hijo/a el centro escolar antes de que empiecen las clases, y preséntale a su profesora para que sepa con quién se va a quedar. Le ayudará a familiarizarse y a no sentirse tan extraño el primer día.
  • Si tiene edad para entenderlos, léele cuentos sobre niños y niñas que empiezan la escuela, papás y mamás que se van a trabajar y vuelven después a recoger a sus hijos, y sobre actividades en la guardería o el cole.
  • Cuéntale tus propias vivencias infantiles. Cuando las recuerde y las relacione con las suyas, se sentirá más tranquilo en su nuevo entorno.
  • Explícale detenidamente todo lo que le espera en ese primer día de clase, en ese nuevo curso.
  • Deja que tu hijo o hija te cuente sus temores y necesidades.
  • Plantéale la asistencia como una obligación, y a la vez como un privilegio. Por ejemplo: “¡Qué suerte que puedes ir al cole!”. No le amenaces con “ya verás ya, cuando vayas al cole”, de manera que lo relacione con algo negativo y desagradable.
  • Unos días antes, y en la medida de lo posible, podéis empezar a acostumbrarle a los nuevos horarios que tendrá en la escuela: hora de levantarse, de comer, de dormir la siesta, de merendar, etc.
  • Prepara con tu hijo o hija la cartera y todo el material necesario para el curso. Ojea con él los nuevos libros de texto para que se familiarice con ellos y despierte el interés por usarlos.

EL GRAN DÍA

  • Es muy recomendable que el primer día de colegio la mamá o el papá acompañe al niño/a. Hay que hacer lo posible para que sea un día alegre.
  • Si es su primer día en un colegio nuevo, trata de que llegue de los primeros. Así verá aparecer a todos los compañeros y no se sentirá tan observado como si se presenta el último.
  • Mostrad alegría. Si os ve llorar o nota algo de tristeza, volverá su desconfianza y sensación de abandono. Sentirá que le estáis dejando en un lugar malo.
  • No alargues el momento de la separación. Se afectuoso/a, pero sin excesos, y breve. Aunque tu hijo o hija lloren o griten, la despedida debe ser rápida y sin dramatismos, de lo contrario aprenderá a usar las pataletas como estrategia para alargar la entrada a clase.
  • En ningún caso le prometas cosas que no vayas a cumplir, como “¡Voy a aparcar el coche y vuelvo!”. Si el niño o la niña se sienten engañados, es más difícil que confíen después en ti.
  • Cuando le vayas a recoger se muy puntual. Puede sentirse abandonado al ver cómo se van sus compañeros de clase.
  • Si ves que tiene los ojos enrojecidos de llorar, no hagas ningún comentario compadeciéndole. Sólo conseguirás que siga llorando en el cole, esperando a su mamá o papá salvador.
  • Hazle comentarios presuponiendo que se ha portado muy bien, y remarcando las ventajas de haber ido al colegio, como si de un privilegio se tratara.

LA RUTINA DE LA ADAPTACIÓN

  • Aprovechad los fines de semana que todavía quedan del verano para disfrutar haciendo cosas divertidas. Organizad actividades de ocio, y no rompáis con la rutina veraniega de golpe.
  • Aunque al principio los llantos son normales, permanece en contacto directo con el profesorado para saber cómo se desarrolla el período de adaptación, si el niño o la niña participan en las actividades y si, en general, se integran adecuadamente. De lo contrario, deberá buscar la mejor forma de ayudarles a conseguirlo. Algunos niños y niñas pueden necesitar incluso un trimestre para adaptarse.
  • Hasta que haya superado el período de adaptación, conviene que la asistencia a la escuela sea lo más rutinaria posible: mismos preparativos, misma hora de llegada y de recogida…
  • En el periodo de adaptación hay que hacer lo posible por llevarle todos los días. No debe dejar de acudir a clase de forma habitual, porque puede tardar más en adaptarse.
  • Fuera del horario lectivo, si es posible, intentad que quede con algún compañero/a de colegio. Ver a sus amigos y amigas en otros lugares (el parque, la casa, etc.) aumentará su deseo de reencontrarse con ellos en clase.
  • Dedícale todo el tiempo que puedas los primeros días, y prepara por la tarde la vuelta al día siguiente, para que cada mañana no se convierta en un disgusto.
  • No le dejes trasnochar. Un niño fatigado tiene más problemas de comportamiento y mayores dificultades de adaptación.
  • Levántale con antelación. Ir con el tiempo justo por las mañanas provoca nerviosismo en el niño/a. Y más si es de los que se despiertan de mal humor.
  • Muestra interés por sus avances. Pregúntale por la escuela en momentos tranquilos, durante la noche o en la hora del baño, pero no le fuerces a hablar.

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18. LOS ESTILOS EDUCATIVOS


Diversos estudios en psicología han demostrado que existe una relación entre la manera de educar de los padres (estilos educativos) y el bienestar de sus hijos e hijas. En el caso de los adolescentes han mostrado con bastante contundencia que el estilo democrático es el que favorece en mayor medida el desarrollo de los chicos y chicas.

ESTILOS EDUCATIVOS…

Se trata de un modelo con una importante tradición en psicología evolutiva que intenta clasificar la actuación de los progenitores respecto a sus hijos e hijas en función de dos dimensiones básicas: el afecto y la comunicación por un lado, y la supervisión y el establecimiento de límites por otro.

Durante la adolescencia otra dimensión cobra especial importancia:

el fomento de la autonomía. Esta clasificación no es exclusiva para la adolescencia, sino que puede aplicarse a padres y madres con hijos de cualquier edad. En función del cruce de las dos dimensiones básicas aparecen los cuatro estilos de padres y madres:

  1. Democrático: Alto afecto/comunicación, alta supervisión/establecimiento de límites, y fomento de la autonomía.
  2. Autoritario: Bajo afecto/comunicación, alta supervisión/establecimiento de límites.
  3. Permisivo: Alto afecto/comunicación, baja supervisión/establecimiento de límites.
  4. Indiferente: Bajo afecto/comunicación, baja supervisión/establecimiento de límites.

Y SUS CONSECUENCIAS

Las hijas e hijos de progenitores democráticos presentan niveles más altos de autoestima y de desarrollo moral, manifiestan un mayor interés hacia la escuela, un mejor rendimiento académico y una mayor motivación, consumen con menor frecuencia alcohol y otras drogas, son menos influenciables por el grupo de iguales, y presentan menos problemas de conducta en general.

Por el contrario, adolescentes que han crecido en un estilo indiferente tienden a presentar toda una gama de problemas académicos, emocionales y conductuales, debido por un lado a que han carecido de un ambiente cálido y afectuoso, y por otro, a que no han tenido ningún tipo de guía ni control para su comportamiento. En niveles intermedios aparecen los adolescentes hijos e hijas de progenitores autoritarios y permisivos. Los primeros, debido al ambiente familiar excesivamente frío y controlador, aunque pueden ser obedientes y disciplinados y manifestar un buen rendimiento escolar, al menos en un primer momento, presentan más dificultades internas, caracterizadas por problemas emocionales, síntomas depresivos y poca confianza en ellos mismos.

Es frecuente que cuando el control es muy severo estos chicos y chicas terminen rebelándose ante sus padres, especialmente al principio de la adolescencia, momento en el que suelen buscar una mayor libertad y autonomía mientras que sus padres y madres intentan seguir manteniendo un control estricto. Finalmente, las hijas y los hijos de familias con un estilo permisivo suelen manifestar dificultades a nivel conductual, tales como el consumo abusivo de alcohol y drogas o dificultades para controlar sus impulsos

¿POR QUÉ FUNCIONA EL ESTILO DEMOCRÁTICO?

  • En primer lugar, la calidez y afecto del estilo democrático facilita los intentos de socialización de los progenitores haciendo que sus hijas e hijos sean más receptivos a ellos. Las prácticas educativas democráticas tienen lugar en un contexto de amor y respeto mutuo, por lo que tienen un efecto mayor que las que ocurren en otros ambientes más coercitivos o permisivos
  • Por otro lado, los frecuentes intercambios comunicativos, los diálogos habituales y la confrontación de diferentes

puntos de vista promueven la competencia psicosocial general adolescente a través del fomento de habilidades como la empatía

  • Finalmente, el adecuado balance que se establece entre un control ajustado a la edad y el fomento de la autonomía permite a los y las jóvenes ir creciendo de forma independiente, al mismo tiempo que son supervisados y guiados por sus madres y padres.

IDEAS CLAVES

  1. El estilo educativo que más favorece el desarrollo adolescente tanto conceptual como emocionalmente es el democrático.
  2. Este estilo implica la combinación de tres elementos: el afecto y la comunicación familiar, el fomento de la autonomía y el establecimiento de límites y la supervisión de la conducta adolescente.
  3. Es fundamental que madres y padres guíen y supervisen la conducta de sus hijos e hijas sin utilizar estrategias de control psicológico y garantizando unos niveles ajustados de autonomía e independencia.
  4. Las normas deben ser razonadas, justificadas, y en la medida de lo posible estar consensuadas por progenitores y adolescentes.
  5. Es muy importante que padres y madres estén informados de la vida de sus hijos e hijas fuera del hogar. La creación de un clima familiar de confianza en el que el chico o la chica se sienta con libertad para hablar libre y espontáneamente de sus asuntos es básico para el seguimiento que los padres y madres realizan, y a la par para el bienestar de los adolescentes.
  6. El estilo educativo no es una característica del padre o la madre, sino un rasgo de una dirección bidireccional. Para comprender el estilo educativo debemos prestar atención a las características del hijo o la hija, del progenitor y de la situación.
  7. El estilo parental debe ser flexible y ajustarse a las características y a la edad del hijo o la hija.
  8. Las prácticas concretas que definen el estilo democrático pueden ser entrenadas y potenciadas en madres y padres.

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19. CÓMO FOMENTAR LA LECTURA

 

¿CÓMO FOMENTAR LA LECTURA?

Pretendemos con este documento exponer un conjunto de orientaciones que ayuden a las familias a favorecer el desarrollo de una actitud positiva hacia la lectura y crear un entorno agradable ante el hecho de leer.

El hábito de lectura no se improvisa, no se adquiere en un momento concreto de nuestra vida, sino gradualmente, día a día.

Los padres y madres que cuentan cuentos a sus hijos, que se los leen de forma permanente, que leen delante de ellos y comentan sus lecturas, están creando un clima propicio para que crezcan buenos lectores y lectoras.

¿QUÉ ES LEER?

Leer No es descifrar las palabras de las que está compuesto el texto, sino comprender la información que contiene el texto y asimilarla.

El valor de la lectura es insustituible:

  • Estimula la imaginación
  • Ayuda al desarrollo del pensamiento abstracto
  • Ayuda en el desarrollo intelectual y académico
  • Desarrolla la afectividad y la autoestima
  • Desarrolla la creatividad y la fantasía
  • Favorece la comprensión y la tolerancia
  • Estimula la curiosidad

COSAS QUE DEBEMOS HACER PARA FOMENTAR EL HÁBITO DE LA LECTURA

Cuando el niño/a todavía no sabe leer

  • Coloque los libros de manera que estén al alcance de los niños, que puedan cogerlos y dejarlos cuando lo deseen
  • Haga del libro un regalo habitual. Es importante enseñar a los niños que el libro es un objeto bonito, digno de regalar, que provoca ilusión en quien lo recibe
  • Busque libros diferentes. De plástico para la bañera, con diversas texturas, de cartón grueso, con objetos, etc.
  • Léale sus cuentos en voz alta, atrayendo su atención, entonando de forma distinta cada personaje, etc.
  • Siéntese con su bebé en el regazo y enséñele algún cuento.
  • Cuéntele historias, cántele. Así le ayudamos a que aumenten su vocabulario, a que desarrollen la imaginación.
  • No olvide hablar mucho a su hijo, en cualquier situación de la vida diaria

Cuando el niño/a comienza a leer

  • Busque libros apropiados para su edad y sus gustos
  • Fomente la comprensión antes que la rapidez. Lo importante es que entienda lo que lee, si no, perdemos un lector.
  • Visite con frecuencia bibliotecas y librerías. Deje que el niño se mueva con libertad y que escoja el libro que más le guste
  • Convierta la tele en una aliada. Regálele libros sobre sus programas, series o dibujos de televisión favoritos
  • Comente los libros que está leyendo. Si nos ha gustado o no, lo que nos ha hecho reír o llorar… en definitiva hablar del libro con pasión y naturalidad.

COSAS QUE NO DEBEMOS HACER PARA FOMENTAR EL HÁBITO DE LA LECTURA

Cuando el niño o la niña no sabe leer

  • No debemos preocuparnos porque el niño estropee e incluso acabe rompiendo los libros. En esta edad el libro es un juguete más y debemos evitar que se convierta en algo intocable.
  • No pensar que los libros son sólo para cuando los niños y niñas saben leer. Los libros no tienen edad y es importante que se acostumbren a manejarlos desde pequeños.
  • No debemos pensar que no les podemos contar cuentos hasta que los entienda. A todos los niños les gusta que les expliquen cuentos, se sienten atendidos y queridos. Aunque nuestro hijo todavía no hable, es importante contarle cuentos, ya que así, favorecemos el desarrollo de su lenguaje.

Cuando el niño o la niña comienza a leer

  • No conviene obligarles a leer. La lectura debe ser placer y esto no se consigue con la presión, la riña o los castigos.
  • No debemos cambiar la lectura por dinero o cualquier otro refuerzo
  • No resulta eficaz presentar el libro como alternativa ala televisión. Hay que evitar hacer comparaciones entre lo bueno que es el libro y lo mala que es la televisión
  • No debemos hacer como que leemos si nosotros no disfrutamos con ello. Los niños imitan sólo aquellas conductas que los adultos viven con naturalidad
  • No reprocharles por no saber leer bien. Al resaltar los fallos, lo único que conseguimos es desmotivarlo. No hay que hacerles repetir de forma reiterada aquellas palabras que no lee bien
  • No impacientarnos. La lectura no se domina de la noche a la mañana y cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje

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